5 mitos sobre la dislexia

 

Muchas veces escuchamos la expresión “Mi hija no tiene dislexia porque no gira letras” o nos preguntan “¿Seguro que tiene dislexia? En clase no ha girado ninguna grafía…”. Hoy hablaremos sobre lo que implica el diagnóstico de dislexia y qué debemos tener en cuenta en estos casos. Para ello, desmentiremos algunos mitos acerca de esta condición. ¡Empezamos!

“Todas las personas con dislexia giran letras y/o números”

La dislexia es un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura que afecta a la precisión y velocidad lectora, al nivel de comprensión lectora, a la expresión escrita, la ortografía e incluso al razonamiento matemático. Girar las letras se incluiría en los errores de escritura pero no todos las personas con dislexia los cometen. También podemos encontrarnos con omisiones y sustituciones de letras, es decir, no escribir o cambiar algunas letras de ciertas palabras.

Además, girar letras o números no es específico de la dislexia. En los casos de lateralidad cruzada también es muy común, sobre todo cuando se produce un cruce visual. ¿Quieres saber más acerca de este tema? No te pierdas el post sobre lateralidad.

“La dislexia es un problema puramente visual”

Aunque la visión está directamente relacionada con el aprendizaje de la lectoescritura, tener un déficit en este sentido no produce dislexia. Además, hay personas sin ningún tipo de problema visual que sí presentan problemas para aprender a leer y escribir. En cualquier caso, si se detectaran problemas visuales en el momento de una valoración neuropsicológica para descartar algún tipo de trastorno del aprendizaje, será esencial corregir primero la deficiencia visual (o de cualquier otro sentido) antes de determinar un diagnóstico.

“No es un trastorno del aprendizaje, es que no se esfuerza”

Hace muchos años esta creencia estaba muy arraigada. De hecho, ni se contemplaba la posibilidad de tener esta condición. Directamente se señalaba a estos alumnos como vagos o con poco interés por el aprendizaje. Nada más lejos de la realidad. En la mayoría de casos, los niños y jóvenes con dislexia se esfuerzan mucho en seguir el ritmo de la clase. Cuando no es así, debemos tener en cuenta el nivel de motivación del alumno y reforzarlo para que no pierda el placer por aprender.

Hoy sabemos que aprender, para las personas con dislexia, supone un trabajo mucho más arduo y que, en muchas ocasiones, requerirá de mucho más tiempo y esfuerzo que para otra persona. Esto provocará una gran fatiga que se verá reflejada en las sesiones largas de aprendizaje.

“Juan antes tenía dislexia pero ahora ya está curado”

Es importante que tanto las familias como los profesionales tengamos claro que la dislexia no desaparece con la edad. Se trata de un trastorno de aprendizaje que acompañará a la persona durante toda su vida. Evidentemente, se verá más reflejada en la etapa escolar debido a la presencia de actividades que requieren de los procesos de lectura y escritura. Pero, entonces, ¿por qué no es tan evidente en adultos? Esto se debe a que cada persona desarrolla sus propias estrategias para compensar los déficits y corregir los propios errores. Os mostraremos algunos ejemplos reales:

-Una chica tiene problemas de lectura cuando las líneas no están en horizontal y bien definidas. Su estrategia a la hora de buscar un libro en la biblioteca sería sacar los tomos para leer los títulos en vez de intentar procesar las letras del lomo.

-Un niño escribe automáticamente la palabra “ojo” con h (hojo) por su similitud con la palabra “hoja”. Como ya se ha equivocado varias veces, ha reparado en este error y cada vez que escribe esta palabra se fija más y revisa no haber cometido este error.

“Si confunde izquierda y derecha es que tiene dislexia”

Muchas de las personas con dislexia confunden la izquierda con la derecha pero también personas con lateralizada no definida, contrariada o cruzada o sin ningún tipo de condición especial. Este tipo de confusiones tienen que ver con nuestra capacidad viso espacial y el procesamiento que hace nuestro cerebro sobre la situación de los objetos en el espacio. Ésta relación no suele establecerse hasta los siete años (aproximadamente) y es normal que no se diferencie antes de esa edad. A partir de entonces, podemos estar ante, efectivamente, un caso de dislexia pero no debemos tomar este tipo de errores como determinantes en un diagnóstico. Si se presenta de forma aislada, es decir, sin otros signos que respalden esta condición, no deberemos realizar este diagnóstico.

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